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Familia Anónima

Quizá todo lo que hacía falta era el cambio de tipografía, y esto volvería a ser el paraíso que (nunca) fue hace tiempo. Quizá uno es muy duro con uno (yo) mismo y debería tranquilizarme, saber que todo va a estar bien, ahorrar para el concierto dentro de unas semanas. He estado andando sin parar, andando para andar, andando por andar, y no me arrepiento de nada, es más, tampoco me he cansado de tanto paso. Los veo por ahí repetir lo que han escuchado, y repito lo que he visto porque me cuesta narrar, porque el profe, el otro profe (y también el otro Juan Carlos) dijo que “tal era solo para muy buenos escritores”, lo que sea que eso signifique, siendo que puede ser: a) los buenos escritores nacen y en algún momento descubren que “escribir” les da superpoderes (“escribir” así entre comillas porque si es con pluma, en piedras o en la computadora a estas alturas y con la caligrafía que tengo me da igual, además escribir para qué etc.), b) los buenos escritores se hacen escribiendo.
Y si los buenos escritores se hacen escribiendo, se hacen escribiendo qué, qué corno, lo que les sale de la cabeza, como esto que a mí me sale un jueves de tantos a media tarde después de escuchar “Desde el Anonimato” mientras hablaban del tiempo libre y yo no podía dejar de pensar que quiero entrevistar a Pao, o se hacen escribiendo en formatos, léase novela, cuento, ensayo etc., o formatos inventados, léase, formatos inventados. 
Me detuve al terminar el párrafo de arriba para hacer un blog, un hueco en internet, uno que para salir a la luz pide ser comprado. Me detuve a hacer eso y ay qué mal se me fue la inspiración, no, en realidad nunca vino, no la he visto hace rato, espero esté bien, es que se borró de redes sociales y que no la he encontrado. Así es esto.
Estaba seguro que quería escribir pero es que me están empezando a arder los ojos, que tantito no es para tanto y qué tanto es tantito, pero quiero seguir escribiendo. Quiero seguir escribiendo porque tiene días, semanas que no lo hago, que dejé entre archivos la idea de vivir de escribir, gracias a dios (o “a Dios”) no he dejado la idea de vivir, aunque no he estado tan lejos, pero tan lejos es una distancia que no se puede medir entonces no hay como calcular qué tan cerca estuve del suicidio, aunque les adelanto, o te adelanto, o le adelanto a nadie, muy lejos. 
No escribo para que me lean, de hecho apenas y escribo para leerme yo, y ya si alguien va a leerme ojalá tuviera la decencia de también responder; la vida se ha vuelto un poco como jugar frontón, o como jugar tenis pero en vez de tener un jugador del otro lado, cada que la red pasa la pelota se oye el eco de un aplauso o se oye nada en absoluto. Y las dos son inútiles porque no hay respuesta.
Quiero pensar que esto lo voy a escribir con regularidad pero qué regularidad tengo para prometer eso si ya ando por los veintiuno en unos días (coño) y sigo así y aquí y tal. En fin la tarea o la idea de tarea en mi cabeza está volviendo a mí como gota en un lavabo, chau.

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