Se puede perder la vida pero no el estilo, se puede perder todo pero no el brillo; mira, se pueden perder los dos, la cosa es no querer perderlos y tampoco intercambiar la vida por ser parte de una leyenda que dura unos días, días que sería mejor estar vivo, a menos que uno sea un héroe o lo pretenda al menos. La alarma va a sonar en la mañana, no digo mañana porque ya pasa la medianoche, la alarma va a sonar en la mañana y en el mejor de los casos la voy a escuchar; en el peor me voy a quedar dormido otra vez, cosa que al mismo tiempo es el mejor de los casos porque voy a descansar, ustedes, tú, vuestra merced, me entienden.
Escribo ya cansado, el día (la semana) me ha pasado por encima, ir y venir, enseñar a usar la consola, la escuela, las responsabilidades en mi cabeza, darme cuenta que si el ritmo para me detengo yo también, y que mientras que el ritmo anda no me quejo y voy y vengo, pero una vez que para miro a los ojos del vacío y de milagro no me tiro.
Una aplicación dice que pasé más de seis horas en el teléfono hoy. Soy culpable de eso, qué puedo decirles. Aprendí cosas en ese tanto, aprendí qué es bichi, aprendí del tiempo libre, que se puede trazar cual plano arquitectónico, aprendí que el cerebro no sabe que existe un tiempo, entendí que es difícil enfrentarse al tiempo libre, que hoy en día no parece bien no hacer nada y habríamos de estar ocupados, que si no lo estamos nos sentimos culpables, improductivos y tal. Yo creo que más bien habría que lidiar con esa sensación, mandarla bien al carajo, sepultarla y seguir, seguir sin hacer nada, pensando en todo, que igual y no trae dinero o un puesto o una oportunidad, nada más que el vuelo de una mosca que se posa sobre nuestro cuerpo en delicioso reposo, nada más que eso, y está bien.
Escribí dos veces hoy, hoy contando la vez pasada aunque realmente sea ayer, pero qué más da si ya les decía que el cerebro no sabe de tiempo y mi tatuaje no sabe de español, por eso cada que me preguntan por qué me lo hice y qué significa no sé ni qué decir. Y cuando me pregunte mi familia pues menos, pero qué más da, qué más da. Escribí dos veces hoy porque quería probar que puedo escribir. Dos veces en un día. O en su defecto, escribí otra vez porque cuando estoy cansado tengo esa pulsión de muerte que me hace pensar que un minuto más despierto me llevará al risco y me hará tambalear. Escribí dos veces hoy por que quería.
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